Esmeralda flotante en el corazón de la Cordillera Central Dominicana. Neblina, frio, nubes aisladas al regazo de las montañas. Carretera bailarina que se contornean una y mil veces bailando la danza del escalofrió y del vértigo de las alturas.
Precipicios formidables que parecen el hueco de una mano ciclópea o un ojo desorbitado, o la huella de un mar bravío. En fin, depresiones colosales, circundadas por altura excelsas. Precipicios de atracción resistida únicamente por el instinto de conservación de la vida y de la forma.
La ascensión al valle de Constanza es casi indescriptible. Nos priva la sensación de acercarnos a una región etérea, suave y delicada. El aire es de pétalos, y nos inunda el rostro de seda y de frescura. En el camino vigilan los poblados de Arroyo Frio, La Palma, El Rio y el Distrito Municipal de Tireo.
Las carreteras sigue contornándose como una serpiente que llevara clavada en el lomo pinos, pinos, infinitos pinos enhiestos y verdes.
En Constanza se ha domiciliado el frio durante las cuatros estaciones del año. Toma residencia provisional en el cuerpo de los visitantes a esta belle región del país. La altura y el frio separan un poco el espíritu de la materia. El alma se siente abstraída, absorta. El lugar y sus condiciones climáticas son tan agradables que el espíritu se serena y los problemas emotivos desaparecen.
El color vibrante verificado de las flores de Constanza semeja un cuadro reflejado por el alma del gran Miguel Ángel. La retina recibe complacida el verde de las hortalizas; el morado, amarillo y otros colores fugaces de las flores y la silueta majestuosa del antiguo Hotel Nueva Suiza y el encanto de las casas de los dominicanos, españoles y japoneses, que dan calor humano, aquí donde la naturaleza se complace en mantener a sus pies la columna termométrica.
Constanza deja en el alma del visitante una grata impresión. Contribuye a esto la exuberancia de la naturaleza, tan diferente a lo que aprecia sus ojos ahítos de ciudad, de calor y contaminación.
Apliquemos la máxima “conócete a ti mismo” y gocemos de este paraíso de nuestra República Dominicana, antes de tratar de conocer tierra exóticas.
Constanza, para dominicano y extranjero es la mejor anfitriona del alma, por lo exquisito de su clima y por las alegrías que nos sacude después que sus paisajes comienzan a correr por nuestras venas, hasta inmortalizarse en el lienzo de nuestras pupilas.
ESTE ES MI CONSTANZA
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